Plotino y la astrología (P. Sanchis)

Plotino y la astrología (P. Sanchis)

Cuando uno habla de astrología, es frecuente oír la frase: “Pues yo no creo en la influencia de los astros sobre el ser humano”.  Lo más divertido es si les contestas: “Yo tampoco”, porque entonces tu contertulio se queda descolocado, preguntándose cómo puedes estar hablando de astrología si no crees que los planetas actúan sobre nosotros.  Pues no hay ninguna contradicción en ello.  Hay dos formas de abordar el fenómeno astrológico:

1-La primera es verlo como una ciencia física, creer que de verdad hay un rayo que sale del planeta o del signo y nos influye.  Cuando preguntas qué tipo de rayo, los que defienden ese punto de vista te contestan que eso es cuestión de los físicos: no tienen más que investigar y demostrarlo.  Y, claro, si dichos físicos no invierten su tiempo y dinero en esas investigaciones es por una evidente mala fe.  La frase más usada suele ser: “Yo sé que funciona, y con esto me basta”.

Algunos asumen incluso la tarea de buscar ellos mismos esa explicación física que los científicos no parecen querer encontrar.  Entonces te hablan de electromagnetismo, de ondas.  Le añaden no obstante dos gotitas de cuerpo etérico, como lo hacen aquellos que afirman que las configuraciones natales se quedaron grabadas en dicho cuerpo etérico al nacer.  Eso ya queda un poco new age, pero, chico, encaja bien con las ondas.

También los hay -incluso astrólogos geniales y cultos- que  piensan que las citadas configuraciones natales no se quedaron grabadas en ningún cuerpo etérico, sino en la retina, a la hora del nacimiento.

Todo esto tiene una pequeñísima pega: la astrología también sirve para cosas que no tienen cuerpo, como una idea, una acción, o una pregunta horaria.  ¿Dónde se quedaron pues grabadas esas configuraciones natales, si no hay sustento físico para ello?

Por otra parte, la astrología actúa sobre seres concretos de una forma que no encaja con las energías físicas.  Porque, si hay un eclipse en X y el presidente de un país de 180 millones de habitantes se muere, ¿cómo narices sabe una energía física quién era el presidente?  Ser presidente no es algo físico o biológico, sino un nivel social.  Las energías físicas actúan sobre entes físicos, no por motivos sociales.

2-La otra forma de abordar el tema es más holística: los planetas no nos influyen, igual que el reloj de la estación no hace llegar el tren.  Pero existe un fondo subyacente único sobre el que están regulados tren y reloj: el tiempo en el caso de ese ejemplo.  Por eso viendo uno se sabe cómo está el otro.

Aunque use la palabra “holístico”, no es una idea reciente, sino que viene de lejos.  La encontramos perfectamente expresada en la Enéada II, 3 de Plotino.

¿Quién era Plotino?  Fue uno de los filósofos más importantes de la antigüedad, del siglo III d.C más concretamente.  El movimiento que fundó fue el neoplatonismo, que se puede considerar la filosofía más importante de Occidente.  No sólo tuvo un papel fundamental en todas las escuelas de la cuenca del Mediterráneo, sino que es el fondo subyacente de las dos grandes religiones: el cristianismo y el islam, sobre todo en su vertiente sufí.  Aunque a veces duela ver lo enterrado que está el neoplatonismo bajo toneladas de dogmatismo y violencia religiosa que no tienen nada que ver con él.

Plotino también habló de la astrología en esa Enéada II, 3, y vamos a seguir sus ideas en la traducción de Jesús Igal, para Planeta de Agostini:

Hemos dicho ya en otro lugar que el movimiento de los astros anuncia los acontecimientos futuros, pero que no los produce, como cree la mayoría.

La primera frase es prometedora, pero, ¿significa que no existe el destino o que no lo determinan los astros?  Vamos a seguir leyendo para entenderlo.  Primero va a abordar el tema intentando definir los astros:

¿Consideraremos a los astros como seres animados o co­mo seres inanimados? Porque si de verdad son seres inanimados, no podremos atribuirles otra cosa que calor o frío […]Ahora bien, ¿cómo podrían los astros hacernos sabios o ignorantes, o expertos en la gramática, o retóricos, o citaristas o conocedores de otras artes, o incluso ricos o pobres? ¿Cómo podrían producir todas las demás cosas cuya causa no radica en la mezcla de los cuerpos? ¿Cómo, en fin, podrían concedernos un determinado hermano, o padre, o hijo, o mujer o hacer que obtuviésemos éxito y que, por ejemplo, llegásemos a generales o a reyes?”

Viene a decir que, si los astros son seres inanimados, sólo pueden producir sobre nosotros una influencia física.  Y esa influencia física no podría explicar el destino.

Si son seres animados, que obran por su libre designio, ¿qué es lo que han podido sufrir de nosotros para que deseen hacernos daño? ¿No están situados ellos mismos en un lugar divino y no son a la vez seres divinos? No son realmente de la incumbencia de ellos todas esas cosas que vuelven malos a los hombres; ni tampoco el bien o el mal que a nosotros alcance puede procurarles a ellos una buena o una mala vida.”

La otra opción es que sean seres animados, entonces se pregunta Plotino qué les hemos hecho para que decidan machacarnos de ese modo.  No tendría mucho sentido que tomaran decisiones por nosotros.

Expone a continuación las bases de la astrología (signos, casas, aspectos), explicando que sería absurdo pensar que los planetas nos influyeran por esos motivos, cuando es algo que no tiene nada que ver con ellos.

Se pregunta entonces: “Pero, si los astros, son los encargados de revelar el futuro y, como decirnos, no son otra cosa, entre muchas, que signos anunciadores del porvenir, ¿a quién hemos de atribuir lo que acontece? ¿Cómo se produce el orden de los hechos? Porque es claro que no podrían ser anunciados si no respondiesen a un orden.”

En este pasaje sienta dos ideas:

1-los planetas son signos.  Los “signos” son representaciones gráficas que envuelven un significado limitado o restringido. Los signos de puntuación, por ejemplo, o las grafías que usamos para representar los números.  No son nada por sí mismos, sino por la idea o información que asociamos con ellos.

Con esto Plotino toma partido en uno de los grandes debates de la antigüedad: “¿Los planeta son signo o causa?”.  Las palabras “signo” y “causa” tenían para ellos un significado muy concreto.  De hecho, Morín dedica un capítulo entero del libro XXI a explicarlo.

Los filósofos antiguos que decían, como Plotino, que los planetas son un signo nos estaban diciendo que dichos planetas no creaban nada por sí mismo, sólo nos informaban.  Morín en cambio diría unos siglos más adelante que los citados planetas son signos y causas.  Habían cambiado los tiempos y ésa es la mentalidad que hemos heredado.

2-Otra idea fundamental expresada por Plotino en esa frase es que si se puede anunciar el destino, es porque ya está fijado.  No existe la casualidad.

Sigue Plotino con su explicación:

En nuestra opinión los astros son letras escritas constantemente en el cielo, o quizá mejor letras ya escritas y que se mueven; entre otras cosas, expresan una verdadera significación.”

Lo deja totalmente claro: no son más que signos, como lo son los signos ortográficos.  Falta saber quién ha escrito el texto.

Y ocurre así (en el universo) lo que vemos en el ser animado, donde se puede conocer una parte deduciéndola de otra. En el hombre, por ejemplo, se llega al conocimiento del carácter mirando a los ojos o a otra parte cualquiera de su cuerpo; y esto nos lleva a descubrir los peligros que  le acechan y la posibilidad de preservarse de ellos. Partes son ésas del hombre, y parte somos nosotros también del universo; otros seres tienen asi­mismo sus partes.

Establece la comparación con el ser humano.  Si alguien se alegra de verte, lo leerás en sus ojos, en la sonrisa, la inclinación del cuerpo, en la frase que use (“¡Cuánto me alegro!), en el tono de dicha frase, etc.  Los ojos, la boca, la voz y todas las demás partes del cuerpo están expresando la alegría interior de verte, y, aunque sean cosas distintas, transmiten el mismo mensaje cada una a su manera.

Lo mismo ocurre en el universo para Plotino: las cosas distintas son en realidad lo mismo, y por eso se puede conocer a una a través de la otra.  De hecho, la palabra “uni-verso” significa “todo” en latín, pero no cualquier “todo”.  “Omnis” significa todo, “totus”, todo entero, en su completa extensión, y “universus” es muchas cosas que actúan juntas como una sola unidad.  Cuando César dice que un joven fue aclamado imperator “universo exercitu” está diciéndote que allí había mucha gente, pero que estaban todos unidos y galvanizados por la misma idea, actuando como un solo ser.

Continúa Plotino: “Todo está lleno de signos y el sabio conoce una cosa por los indicios que recibe de otra. Para todos está claro el conocimiento de lo que es habitual; así se comprende que, en el vuelo de los pájaros o en otros animales encontremos un fundamento para nuestras predicciones. Porque conviene que todas las cosas dependan unas de otras, y, como se ha dicho, hay – un acuerdo total, no sólo en el individuo tomado par­ticularmente, sino con mucha más razón y primordialmente el universo, hasta el punto de que la unidad de prin­cipio hace unas las diversas partes del ser animado y produce la unidad  de una pluralidad. Pues así como en cada ser particular sus partes tienen una acción privativa, así tam­bién en el todo del universo cada ser tiene su función propia y con mucho mayor motivo en este caso porque no se trata sólo de partes sino de todos de gran dimensión.”

 Reafirma la unidad básica e intrínseca.

Cada uno de los seres procede de un mismo principio, pero hace la obra que le compete, colaborando a la vez con los demás; porque ninguno de los seres aparece separado del conjunto, sino que actúa sobre los demás y sufre también la acción de los otros. Todos los seres van al encuentro, entristecién­dose o alegrándose con ello. Pero, sin embargo, no proceden por azar ni de manera casual, ya que cada ser proviene de otro y produce a su vez un tercero siguiendo los dictados de la naturaleza.”

En este pasaje establece otra idea fundamental: el destino no es algo individual, sino del conjunto.  No estamos desligados unos de otros.

Los astros, como partes, y no pequeñas, que son del cielo, colaboran con el universo y sirven de signos anunciadores anticipan así todo cuanto acontece en el mundo sensible, pero sólo producen lo que de ellos deriva de modo manifiesto. En cuanto a nosotros, hacemos realmente lo que nuestra alma realiza según su naturaleza […].”

Los planetas son pues signos anunciadores, no creadores del destino.  Cada ser tiene su propia naturaleza y actúa conforme a ella al unísono con los demás.

¿Hasta qué punto estamos pues determinados según Plotino?  Todo depende de nosotros:

Atribuimos, por tanto, a otra alma que se halla fuera de aquí ese movimiento que nos lleva hacia arriba, hacia lo bello y hacia lo divino  donde a nadie es permitido mandar; muy al contrario, es el alma la que se sirve de este impulso para hacerse igual a lo divino y vivir de acuerdo con él en el lugar de su retiro. Al ser abandonado de esta alma corresponde, en cambio, una vida sujeta al destino; los astros no son para él, en este mundo, únicamente signos, sino que él mismo se convierte en una parte, sumisa por completo al universo, del cual es precisamente parte.”

El hombre tiene pues una sencilla elección: vivir buscando el alma, su naturaleza divina, o aferrarse a la materia.  Si elige lo segundo, quedará completamente sometido al destino.  La libertad -incluso el libre albedrío- sólo puede ser un proceso interno.  No hay más libertad que la que está en tu mente.  La libertad de verdad es un proceso interior.

Canals, a 27 de diciembre de 2016

 

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