¿Por qué la astrología no es una ciencia? (P. Sanchis)

¿Por qué la astrología no es una ciencia? (P. Sanchis)

Artículo original de Bedaweb

La física imperante desde el siglo XVIII ha seguido un paradigma mecanicista.  Con Descartes se desarrolla una forma de pensamiento analítica y, por ende, fragmentaria.  La física atómica que divide la materia hasta sus partículas más pequeñas fomentó ese tipo de perspectiva del universo.  Esa forma de pensamiento se apoya sobre dos presupuestos:

A-La separación entre el sujeto y el objeto:

Se presupone que no hay relación entre el observador y el objeto observado, y que el primero no puede influir sobre el segundo.  Las leyes de la física son inmutables y si pongo una olla a calentar el efecto será el mismo lo mire quien lo mire.  Incluso se puede prescindir del observador humano y el resultado será el mismo.  Las leyes físicas son absolutamente objetivas (objetividad fuerte).

B-La dualidad:

Todo se puede dividir.  La materia está compuesta de átomos y moléculas.  Sólo existe una causalidad local que depende de las leyes de la física.  La casualidad no es más que el cruce ocasional y no significativo de series causales independientes (Cournot).  Cada subdivisión se puede analizar separadamente y en relación exclusivamente con su propia serie causal.  Estamos en el mundo de la di-versidad y el dua-lismo.

Sin embargo, la física actual apunta a otras conclusiones: donde pensábamos encontrar los átomos, como partículas diminutas de la materia, contrapuestos al vacío, tenemos campos de energía.  La diferencia entre materia y energía ya no es tan tajante. Ni entre materia y vacío. De  hecho del vacío pueden surgir partículas.  Lo que existe son funciones de ondas que ocasionalmente se localizan en forma de partícula.

Por otro lado, las cosas no parecen tan autónomas como se creía.  Supongamos dos “partículas” X e Y proyectadas en direcciones distintas y supongamos que exista una relación de conservación entre ellas (por ejemplo, que su spin sea igual a cero).  Según la física clásica es imposible que Y esté informado de lo que le ocurre a X.  Son elementos ya separados y proyectados en direcciones opuestas.  Para que Y esté al tanto de lo sufrido por X tiene que haber una transmisión de información.  Son dos procesos distintos y susceptibles de ser estudiados separadamente.  Este era el punto de vista de Einstein en su controversia con Niels Bohr.

Sin embargo, no es así: si se toma un par de fotones que tengan una correlación entre ellos, la medida de la polarización del primero, X,  implica que el segundo quedará automáticamente polarizado de manera perpendicular al primero, sin que haya relación de causa y efecto ni transmisión de información entre ellos.

En 1981 y en 1981, Alain Aspect (en el instituto de óptica de Orsay) demostró que así era (http://es.wikipedia.org/wiki/Alain_Aspect).  Eso era la prueba de que cuando se observa una partícula X y se la saca de su indeterminación, la partícula Y sufre una modificación sin que intervenga una influencia causal directa (como en el caso de las bolas de billar).  Esto sugiere que en el nivel más sutil de la materia existe un campo unificado en el que, de alguna manera, cada punto tiene de manera holográfica TODA la informaciónNo es necesario que haya una influencia directa de X sobre Y, ni transmisión de información, para que Y esté determinado por X.

Este punto es muy importante, porque es un concepto totalmente distinto del universo: frente a la visión del universo que se nos daba hasta ahora, un universo frío y mecánico, donde las cosas no estaban relacionadas entre ellas, se nos sugiere ahora la posibilidad de un universo que sería realmente “universo” (“universus” en latín significa “todos a una”).  Esto sería un universo significativo y en el que las cosas estarían relacionadas en el nivel más profundo.  No se necesitaría intercambio de energía mecánica ni de información entre ellas, pues estarían siempre conectadas.  Por eso si se decripta la información que da cada una de ellas, se puede conocer la información pertinente respecto a la otra.

Las fuerzas físicas

En física se habla de 4 tipos de fuerza:

1-Gravitacional: atracción entre los cuerpos (por ejemplo: la gravedad)

2-Fuerza nuclear fuerte: interacción entre los protones y neutrones.

3-Fuerza nuclear débil (termonuclear por ejemplo)

4-Electromagnética

Se supone que no pueden existir más fuerzas que esas 4.  Si intentamos dilucidar cuál de ellas explica el fenómeno astrológico, nos encontraremos con un serio problema.  Veamos:

1-Los planetas no ejercen sobre los seres humanos ninguna influencia gravitacional (están muy lejos), tampoco electromagnética (por la misma razón).  Y aún menos la nuclear fuerte o débil.  Incluso en el caso de que así fuera, resultaría peliagudo explicar por qué Saturno me deprime y Venus me pone alegre.

2-Ese tipo de fuerzas (gravitacional, nuclear, etc.) se aplican sobre objetos concretos y no afectan a aquellos que no están presentes por el simple hecho de tener relación con el primero.  Por ejemplo, supongamos que tengo una cazuela con su tapadera: si pongo la cazuela al fuego y la tapadera está a más de 1000 kilómetros, les puedo asegurar que la tapadera no se va a calentar.  El hecho de que exista una relación entre A (cazuela) y B (tapadera) no hace que la energía aplicada a A se transfiera a B.

Sin embargo, la astrología no funciona así.  Supongamos que en direcciones primarias el regente de mi III (hermanos, coches) haga un mal aspecto al regente de VIII o XII (pérdidas).  Es muy posible que un hermano mío sufra graves problemas (aunque viva a 10 000 Km de distancia), o que mi coche se quede para la chatarra.

¿Cómo se explica esto? De entrada, una dirección primaria no corresponde a nada “real” en el cielo en el momento presente.  Es un movimiento simbólico del tema del día en que nací (no del tema actual) que consiste en avanzar todos los puntos de la carta un grado ecuatorial por año en el movimiento primario. Es decir: si el astrólogo me dice que en mi carta Júpiter está en estos momentos en cuadratura en primarias a Saturno, esto no tiene nada que ver con el cielo actual, ni con la posición en dicho cielo de Júpiter y Saturno, los planetas reales.  Tampoco es la posición donde estaban esos planetas el día de mi nacimiento, pues el astrólogo ha avanzado esa posición un grado ecuatorial por año, porque simbólicamente un grado es igual a un año.  ¿Realmente hay alguien que crea que un físico va a tragar eso?  ¿Va a creer que me ocurre esto o aquello porque el astrólogo dice que los planetas están en un sitio donde no estaban el día del nacimiento ni están en la realidad actual, una posición simbólica?  Es que si yo fuera física, me cabrearía.  Es un insulto a su inteligencia.

Por otra parte, yo tengo mi carta, pero mi hermano y mi coche tienen otra.  ¿Cómo se puede explicar que lo indicado en mi carta por un método simbólico como una dirección primaria afecte a personas o cosas distintas de mí, alejadas de mí y con una carta diferente?  Es como pretender que cuando pongo una olla al fuego la tapadera que está a 1000 kilómetros de distancia se va a calentar.

3-Las energías físicas no son discriminativas por motivos sociales.  Es decir: si someto a 1000 personas a la misma descarga eléctrica, puede haber resultados distintos por la naturaleza biológica de cada uno y, por ejemplo, su nivel de sudor, pero la descarga no perdonará al uno por ser poeta y freirá más al otro por ser director de banco (no sería mala idea para algunos…).

Pero la astrología sí funciona así: supongamos que un ingreso solar anuncia la muerte del presidente.  Hay elecciones ese año y el que fallece es el segundo presidente del año.  ¿Por qué esa “energía” mató al uno y no al otro?  Y lo más gordo: ¿Cómo sabía esa energía quién era el presidente?  ¿Les pidió el carnet de identidad?  No nos perdamos ese detalle: si el país tiene 180 millones de habitantes, es realmente asombroso que una energía física sepa encontrar al único de los 180 millones que es presidente.

Otro caso: imaginemos a una señora que tiene un marido.  Con un mal tránsito de Saturno a su Sol, ese marido enferma.  14 años después, hay otro mal tránsito y su marido enferma, pero en el interim ella se había divorciado (7 años después) y es el segundo marido el que enferma ahora.  ¿Cómo sabe esa energía que ella se ha divorciado y vuelto a casar?  ¿Esta vez la energía física pidió el libro de familia?

Conclusión

Realmente, suponer que el fenómeno astrológico se explica por un tipo de energía que emana de los planetas, una energía que aún no se ha descubierto, sería posible.  Pero pretender que esa energía física hace además cosas que ninguna energía física hace, como afectar a seres u objetos relacionados indirectamente con el sujeto (y sometidos ellos mismos a otra energía distinta) y saber discriminar los sujetos a los que va a afectar siguiendo criterios sociales y no biológicos (por ejemplo: el presidente del país, o el marido de fulanita) parece ya un chiste.

Y es que, por el camino, nos hemos perdido un detalle muy importante: la astrología clásica dice, por ejemplo, que el corazón es análogo al Sol, pero no dice en ningún momento que salga del Sol ningún rayo especial que afecte más al corazón que a los demás órganos.  La palabra utilizada desde la antigüedad es “análogo” al Sol.  “Analogía” no es influencia directa, física, sino parecido.  La definición de analogía que encontramos en la wikipedia es: “Analogía, del griego αναλογíα (ana -reiteración o comparación- y logos, razón), significa comparación o relación entre varias razones o conceptos; comparar o relacionar dos o más seres u objetos, a través de la razón, señalando características generales y particulares, generando razonamientos basados en la existencia de semejanzas entre estos, aplicando a uno de ellos una relación o una propiedad que está claramente establecida en el otro.”

¿Cómo se puede entender la analogía? Pongamos un ejemplo: imaginemos dos copos de nieve semejantes el uno al otro.  Si uno de ellos pudiera pensar, al ver el otro sabría cómo es él mismo.  Y si lo viera fundirse al sol, podría imaginar lo que le iba a ocurrir a él.  Esto es lo que nos dice la astrología: no hay influencia directa, pero puesto que A y B se parecen, B puede saber muchas cosas de sí mismo observando a A.

Me dirán que dos copos de nieve tienen un parecido lógico, pero que no ocurre lo mismo entre los seres humanos y los planetas (que pertenecen a categorías claramente distintas).  Veamos pues otro ejemplo de cómo funciona esto: imaginemos a un hombre en una estación.  Viene de una tribu lejana y no entiende nada de nuestra civilización.  Sin embargo, ve que cuando las manecillas del reloj están en tal o cual posición, llega el expreso de Málaga o el de Barcelona.  Este hombre tal vez acabe creyendo que el reloj es un instrumento mágico que hace llegar trenes, pero no es así.  Nosotros sabemos que reloj y trenes están sincronizados sobre una misma variable, el tiempo, y que por eso coinciden, aunque ni A causa a B ni B a A.  Es esa sincronización respecto a una misma variable la que explica que dos cosas tan distintas (reloj y tren), que no interactúan entre ellas, puedan usarse para saber algo de la otra: el reloj para saber si va a llegar el tren o el tren pasa saber qué hora marca el reloj.

Cabe pues descartar completamente una influencia física de los planetas sobre los seres humanos o sobre los objetos o países.  La astrología es una ciencia demasiado simbólica para que sus efectos se puedan explicar por medio de una energía física.

Extrapolando el experimento de Alain Aspect y suponiendo que sí hay un plano sutil de la materia en el que no existe la dualidad, sino la uni-versalidad (en su sentido etimológico), podemos pensar que hay una conexión profunda entre todas las cosas.  Si ese plano existe, si todo es uno y todo está conectado, si cada punto del universo tiene una información subliminal y holográfica en cada momento de todos los demás puntos del universo, si el universo ya no es algo frío y mecánico con cosas dispares sin relación entre ellas, entonces sí podemos creer en la astrología.

De alguna manera esto sería como un solo y único cuerpo que manifiesta un mismo sentimiento de maneras distintas, pero con idéntica intencionalidad.  Puedo decir: “Me alegro de verte”, y esa alegría la transmitiré a través de mis palabras, del tono de la voz, de la expresión del rostro, de la posición del cuerpo.  Son códigos distintos y ninguno causa al otro, pero todos transmiten cada uno a su manera la misma idea: la alegría de verte.  Planetas y seres vivos serían por lo tanto códigos distintos de un mismo cuerpo que transmiten un mismo mensaje.

Entonces el planeta sería sólo una señal, como lo era el reloj del ejemplo, no una causa.  Viendo esa señal podemos saber lo que va ocurrir, no porque ella (la señal) lo cause, sino porque ambos (planetas y seres vivos) estamos sincronizados sobre la misma variable, a la que llamaremos X.  La pregunta entonces sería: ¿Cuál es esa variable sobre la que estamos sincronizados?

Canals a 21 de junio de 2013

 

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