¿Por qué no se debe empezar nunca por la astrología natal? (P. Sanchis)

¿Por qué no se debe empezar nunca por la astrología natal? (P. Sanchis)

Hace años escribí un artículo sobre las razones por las que no conviene empezar los estudios de astrología por la astrología natal.  He querido rescatarlo, porque me parece que sigue siendo de actualidad.

Básicamente, hay cuatro tipos de astrólogos  -que no de personas-:

-El primer tipo –cronológicamente- es el saturnino.  Éste es bastante disciplinado y le gusta sobre todo la astrología clásica.  De hecho, su mayor defecto es apegarse excesivamente a las tradiciones, sin tener en cuenta que a veces hay que depurar dichas tradiciones.  No olvidemos que ya los textos de Ptolomeo contienen errores.  La transmisión de la información no siempre ha sido exacta. El astrólogo saturnino tiene bastante templanza, no le gustan las innovaciones, y suele ser muy práctico y concreto.  Ahora bien, en el fondo de él hay un gran temor a la vida.  Por eso busca en la astrología una especie de “seguro” en la creencia de que si puede predecir las desgracias, las podrá evitar.

-El otro tipo es el uraniano.  Según éste, habría que “actualizar” la astrología cada seis meses. No tiene en cuenta que la astrología trabaja con arquetipos, así que si uno entiende la idea, la puede actualizar él solito.  Pero el uraniano suele pensar que todo lo anterior no vale nada, por lo que no se suele molestar en estudiarlo.  Por otro lado, necesita “inventar” y no se siente feliz si no saca cada dos por tres una nueva técnica.  Algunos hasta consideran que merecerían un premio Nobel por sus inventos (y no es metafórico ni una hipérbole, sino algo que le oí a un astrólogo muy convencido de su valía).  Obviamente, como los otros no suelen estar de acuerdo, acaba a menudo resentido con los demás.

-Luego está el astrólogo neptuniano.  Éste confunde la astrología con el esoterismo, pero no suele saber nada ni del uno ni del otro.  Lo suyo es la confusión y la mezcla.  Un poco de física cuántica, algo de reencarnaciones, unos cuantos mitos griegos mal entendidos, cuatro cambios de domicilio de los planetas, una reinterpretación de  todos los conceptos básicos y ¡voila!, ya tiene su teoría.  Luego te dice que Saturno es un planeta lento, pero que de tan lento que es acaba haciéndote correr (sic) y se queda tan feliz…

-Por fin está el astrólogo plutoniano.  Siente un profundo dolor e insatisfacción internos.  Espera conseguir de la astrología un remedio para ese dolor, identificando su origen.  Como la astrología tradicional no es bastante “traumática” para su gusto, inventa nuevos significadores que son todos el origen de algún tipo de patología o trastorno de la personalidad.  Eso sí, salta escaldado si alguien se atreve a decir que Saturno es un planeta infortuna, o que la VIII es la casa de la muerte.  Es decir, nos destripará para sacar todas las disfunciones emocionales que tenemos (e incluso las que no tenemos), pero no se puede decir que a veces la vida es dura.  Siente tanto temor como  el saturnino, pero así como el saturnino es estoico, el plutoniano no.  Por eso le angustia tanto la astrología clásica (que sólo predice desgracias en su opinión), pero se siente a gusto con esos nuevos significadores patológicos: cree que con éstos sí podrá, pues sólo son mentales y él espera llegar a controlar su mente.  Pero su dolor es un pozo sin fondo.

Todos tenemos un poco de los cuatro tipos, aunque suele predominar uno.  Ahora bien, es muy raro que un astrólogo no se sienta aquejado por uno de los dos tipos de miedo citados: el del saturnino y/o el del plutoniano.  El saturnino tema a la vida y el plutoniano se teme a sí mismo.

Es decir: o tenemos mucho miedo de la vida y siempre tememos que nos pasen desgracias (“¡Ah! ¡Voy a tener un mal tránsito de Saturno! ¿Qué me va a pasar?”), o nos sentimos mal por esas pulsiones internas incontrolables que nos amargan la existencia, y tememos no poder salir de ellas.  Por eso es muy raro que un astrólogo pueda enfrentarse a su carta natal con ecuanimidad y objetividad.  Estamos paralizados por el miedo.

A esto se suma el hecho de que los libros y los profesores ofrecemos descripciones generales de los significadores astrológicos, pero esas descripciones generales nunca son aplicables al 100%  a una carta natal.  Hay que contextualizarlas. Si uno lee una descripción de Mercurio exiliado o en caída, puede pensar que le están tratando de tonto, cuando en su carta a lo mejor Mercurio rige la II (sus finanzas).  O al revés: conozco a gente con Mercurio domiciliado que sufre analfabetismo funcional y, sin embargo, se podrían creer muy listos si leyeran la descripción de Mercurio domiciliado.

Cuando uno se encuentra, en los textos antiguos, con frases en las que se dice que Saturno y Marte son las “infortunas”, como todos tenemos a Saturno y Marte en algún sitio, esa persona puede llegar a sentir ansiedad.  Sin embargo, cuando un astrólogo antiguo dice que esos planetas son planetas infortunas, lo que está diciendo es que no producen vida, el uno por su frío y sequedad, y el otro por su exceso de sequedad.  Pero eso no significa que nos vayan a arruinar la existencia.  La definición es exacta y no conviene cambiarla, pero sí hay que saber entenderla.  A menos que queramos prohibir todo los libros antiguos.

Todo eso, ese mal manejo de los significadores astrológicos y ese enfoque partiendo siempre del “yo mismo”, como si todo lo que se dice en los libros de astrología fuera un ataque personal contra uno mismo, produce una tremenda ansiedad.  Y esto nos ha llevado a querer negar los significados de planetas y casas, o a hacerlos tan light que al final caemos en la inconcreción y acabamos por no poder decir nada.

Para complicar las cosas, la interpretación de la carta natal se suele hacer sobre la carta “parada”, lo cual es un grave error.  Una carta es una foto y una película.  La foto puede ser muy buena y la película muy mala, o al revés.  Si uno tiene en su carta una Venus muy buena, domiciliada en VII, puede creer que va a tener una relación de pareja estupenda.  Pero si, con el transcurrir de los  años, esa Venus llega en secundarias a varios malos aspectos de Urano, luego Saturno, después Marte, Plutón y, una vez pasados, se pone retrógrada (volviéndolos a pasar) y después directa (con lo que hará una tercera pasada), la foto de Venus domiciliada en VII resulta errónea.

Una carta es una promesa, pero no todo lo que promete se cumple.  Lo haría si viviéramos 360 años, pero nadie llegará a cumplir todas esas promesas.  Por eso a veces es inútil preocuparse por lo que augura la carta natal: tal vez no lleguemos nunca a ello.  Una amiga mía se inquietaba mucho por su mal Plutón en VII.  Murió a los 23 años y nunca se casó…

Además, cuando uno estudia la carta natal, puede ver cosas que hubiera preferido no saber.  Conocí a una astróloga que cuando era novel vio en su carta la muerte de su hija.  Eso le ha amargado el resto de su vida.  Y para nada, pues su hija no murió.  Otras veces sí sucede, y es peor aún.  A veces esos miedos son reales y otras imaginarios, como otra amiga mía que a cada revolución solar “mataba” a alguien en cuanto veía el más mínimo mal aspecto.

La astrología es un instrumento muy peligroso si no se tiene mucha templanza, y la astrología natal es su rama más peliaguda.  Todo eso me ha llevado a la siguiente conclusión:

El aprendiz de astrólogo debe primero aprender a dominar perfectamente la técnica básica de la astrología antes de abordar sus ramas más complejas.  Por eso el curriculum del astrólogo antiguo solía ser: primero la astrología horaria, luego la natal y por fin la mundial.  Recomiendo pues desde aquí empezar los estudios de astrología por la astrología horaria y nunca por la natal.  Hasta que el alumno tenga los conocimientos fundamentales y la suficiente práctica para interpretar las cosas como realmente son, y no como quiere o teme que sean.

Canals, a 30 de mayo de 2017

1Comment
  • Walter
    Posted at 23:18h, 08 junio Responder

    Acaso no podría haber también astrólogos solares y jupiterianos?

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