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Los años climatéricos y el ciclo de Saturno en la vida humana (P.Sanchis)

Los años climatéricos y el ciclo de Saturno en la vida humana (P.Sanchis)

El planeta más lento del zodiaco en astrología clásica es Saturno.  Según la astrología, Saturno rige en el cuerpo humano los huesos, los dientes y la piel, todo aquello que es de crecimiento lento. Es un planeta frío y restrictivo, crítico y bloqueante, el que marca los límites.

Pero, como todo en la vida tiene su faceta positiva y negativa, el marcar los límites es una de las funciones más importantes.  Una persona que no tenga claros los límites (porque no se los ponen los demás o porque no es capaz de ponérselos a sí mismo) imposibilita la convivencia.  Cree que todo le está permitido y se toma sus libertades por encima de los derechos de los demás.  No puede existir ninguna sociedad libre sin límites, aunque parezca una contradictio in terminis.

Y este concepto de «límite» es conveniente que esté interiorizado, para que sea el propio individuo el que sepa hasta dónde puede llegar.  Esto va mucho más allá de las leyes (Júpiter), pues la ley sólo puede establecer normas y vigilar su aplicación.  En cambio, la responsabilidad (Saturno) es aceptar limitaciones incluso cuando nadie te vigila, porque tu primer y único juez de verdad eres tú mismo.

De todo esto se encarga Saturno en el ser humano, de estructurar nuestro cuerpo físico en su parte material (huesos y dientes), pero también de darnos la conciencia de los límites necesarios.  Esto, evidentemente, no es algo agradable, pues va en contra del egoísmo primario del ser humano de tratar de tener cualquier cosa que le apetezca, de pensar que su capricho es ley.

Lo vamos aprendiendo poco a poco, a lo largo de la vida, a base de castigos impuestos por los adultos primero, y al ver las consecuencia de nuestros actos después.  Porque todo tiene consecuencias: «Toma lo que quieras, dice Dios, tómalo y págalo».  Mucha gente traspasa límites y no le pasa nada, pero eso siempre tiene consecuencias a la larga.

Por lo tanto, no es de extrañar que las fases de Saturno (cada 7 años), hayan sido consideradas desde la antigüedad como las fases de la madurez del ser humano, los giros en los que uno se «responsabiliza» de algo, no siempre por las buenas.

Cuando el niño llegaba a los 7 años, se decía que había alcanzado «la edad de la razón».  Los 14 fueron la edad límite de la educación obligatoria, hasta que se retrasó a los 16 (y la mayoría de la gente hoy en día se queja de que hemos infantilizado a los adolescentes).  Los 21 eran antes la edad de la mayoría de edad.  A los 28 años rara es la persona que no siente deseos de «asentarse», de tener algo estable.  A los 42 entramos en crisis, porque nos damos cuenta de que ya tenemos que «darle la vuelta al jamón». Es cuando tomamos conciencia de que la juventud ya pasó. Los 56 son la frontera última de la menopausia.  Y los 63 son la edad real de jubilación, no la oficial de 65 años.

Hay pues cada 7 años un giro importante en el proceso de maduración, que se nota mucho más en las primeras fases de la vida, pero que siempre actúa de una forma u otra.  Esto es lo que los antiguos llamaban «años climatéricos»: las fases de cuadratura u oposición de Saturno a su posición radical en el tema.

Hay otros ciclos en la vida humana, como el de Júpiter (cada 6 años).  De hecho, hoy en día han sustituido legalmente a los de Saturno: los niños empiezan la primaria a los 6 años, y la secundaria a los 12.  La mayoría de edad es a los 18, y no ya a los 21.  Pero el ciclo de Saturno sigue siendo el de los periodos decisivos en el proceso de maduración personal.

De todo ello nos habla Censorino, un gramático romano del siglo III, en el texto «De die natali» que voy a citar a continuación:

El médico Hipócrates repartió la edad en 7 periodos: pensó que el término del primero era a los 7 años; el del segundo, a los 14; el del tercero, a los 28; el del cuarto, a los 35; el del quinto, a los 42; el del sexto, a los 56 y el del séptimo, el último año de la vida humana.

Por su parte, Solón hizo 10 particiones, desdoblando la tercera, sexta y séptima de Hipócrates, para que cada periodo fuera de siete años. 

Estaseas, el peripatético, añadió otros dos periodos de siete años a los 10 de Solón y dijo que el término de una vida completa era de 84 años y si alguien sobrepasaba ese plazo, hacía lo mismo que hacen los corredores y las cuadrigas cuando corren más allá de la meta.

Varrón menciona que según los “libri fatales” etruscos el tiempo de vida humano también se divide en 12 septenios: esos dos se pueden añadir a los 10 septenios eludiendo la fatalidad con el culto de los dioses.  Pero, a partir de los 80, ni se debe pedirlo ni es posible conseguirlo de los dioses.  Además, después de los 84 años los hombres pierden sus facultades mentales y no se debe hacer por ellos tales prodigios.

Mas, de entre éstos,  parecen acercarse más a lo natural todos aquellos que dividen la vida humana en septenios.  Pues es más o menos cada 7 años cuando la naturaleza llega a un punto decisivo y en esos momentos se evidencia algún cambio, tal como se nos da a conocer en la elegía de Solón.  Pues, según dice,  al primer septenio caen los dientes del hombre; al segundo, aparece el vello púbico; al tercero, nace la barba; al cuarto, las fuerzas; al quinto, la madurez para tener descendencia; al sexto, las pasiones se templan; al séptimo, la prudencia y la expresión oral  llegan a su punto culminante; al octavo, permanecen esas cualidades, aunque otros dijeron que en esa edad empieza el glaucoma; al noveno, todas las facultades van perdiendo fuerza; al décimo, el hombre está maduro ya para la muerte. 

Sin embargo, en el segundo septenio o al principio del tercero la voz se vuelve más grave e irregular, y es el periodo que Aristóteles llama tragizein y nuestros antiguos “hirquitallire”  y de allí que a estos mismos jóvenes se les llame igualmente “hirquitalli”, porque entonces su cuerpo empieza a oler a macho cabrío (Nota: hay un juego de palabras, pues tanto la palabra griega como la latina tienen un doble significado: “entrar en la pubertad” y “oler a macho cabrío”).  […] 

Hay muchas otras cosas acerca de esos ciclos de siete, datos que tanto médicos como filósofos han escrito en sus libros.  Por dichos libros sabemos que en las enfermedades los días séptimos  son peligrosos y los llaman krisimoi (críticos).  Del mismo modo, a lo largo de la vida, cada siete años hay uno peligroso y como krisimos (crítico), y llaman a esos años klimakthrikos (climatérico).  Mas, de dichos años climatéricos los astrólogos consideran a unos más difíciles que los otros.  Y algunos piensan que hay que prestar especial atención a los que completan un ciclo de 3 septenios. Es decir: a los 21 años, los 42, los 63 y, por fin,  los 84, año en el que Estaseas marcó el final de la vida.  A su vez, otros, y no pocos por cierto, consideraron como año climatérico más difícil el 49, pues suma siete septenios. Y la mayoría se inclinan por esa opinión, ya que los números al cuadrado se consideran como los más poderosos. 

Por fin, Platón, el más virtuoso de los filósofos (con la venia de los demás), consideró que la vida humana se agotaba en  cierto número cuadrado de años, el noveno, el que consta de 81 años.  También hubo algunos que aceptaron ambos números, 49 y 81, y atribuyeron el menor a los nacimientos nocturnos y el mayor a los diurnos.  La mayoría, con un planteamiento distinto, diferenciaron con sutileza esos dos números afirmando que el múltiplo de 7 atañía al cuerpo y el de nueve al alma; que el primero era cosa de la medicina, del cuerpo, y estaba asignado a Apolo y el otro, a las Musas, porque la música suele suavizar las enfermedades de la mente, lo que llaman paqh.

Así pues, afirmaron que el primer año climatérico era el 49 y el último el 81.  Y como punto intermedio, participando de uno y otro, el 63, que está compuesto tanto de 9 septenios como de 7 novenios.  Aunque algunos consideran dicho número como el más peligroso, porque afecta al cuerpo y al alma, a mí personalmente me parece mucho menos crítico que los otros, pues es cierto que contiene los números citados antes, pero no el cuadrado de ninguno de ellos y si bien no queda ajeno a ambas cifras (el 7 y el 9), no tiene poder en ninguna de ellas.  Y el citado año ha arrebatado a muy pocos de los famosos de la antigüedad.  

Canals, a 15 de enero de 2018

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1 Comment
  • Ciriaco
    Posted at 15:52h, 18 enero Responder

    Hola , y ciclos de 8 años?
    Si observo los acontecimientos de mi vida es recurrente el ciclo de 8 años.

    Saludos

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